miércoles, 25 de marzo de 2015

TE AMO PAPÁ

Hoy en día, el papel que juega el papá es otro. Cada vez está más presente en el cuidado del bebé, y se muestra más cariñoso, tierno y disponible. Pero ¿cómo repercute esto en la relación con su hijo? Lucas nos lo cuenta. 

ES EL MÁS FUERTE

"Cuando sea mayor, quiero ser tan fuerte como mi papá. Me gusta cogerle la mano, el me sostendrá firmemente para evitar que algo malo me suceda. Si me meto en una situación complicada, siempre está ahí para rescatarme. ¡Es mi súper héroe! 

ES EL MÁS TIERNO

Mi papá me cuida y me mima en demasía. Aún y cuando suele ser un poco serio, cada vez que puede me sienta en su regazo y me acuna, ¡y yo me siento tan a gusto! 

ES EL MÁS DIVERTIDO

¡Con mi papá no paro de reír! 
Me lo paso genial cuando saltamos o jugamos en la cama, cuando me eleva en sus brazos, ¡alto, muy alto! e imitamos el vuelo de Superman.

Me meo de risa cuando me hace cosquillas, cuando hace esos sonidos de animales y salta hacia mí, o cuando hace muecas raras, saca la lengua y me hace pedorretas. ¡Con él la diversión está asegurada! 

...Y ME HACE FELIZ

Cuando estoy con papá, soy el bebé más feliz del mundo. Su presencia me tranquiliza, me estimula y me da seguridad. Me encanta jugar con él, que me lea cuentos, hacernos mimitos y descubrir el mundo agarrado de su manita, aunque algunas veces me prohíbe hacer lo que quiero. Él dice que es por mi bien, que así creceré más seguro y feliz, y yo intento hacerle caso, pero es que soy muy curioso y lo quiero probar todo. ¡Que suerte tengo de que mi papá siempre esté ahí! 

miércoles, 4 de marzo de 2015

La felicidad se aprende

Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Y lo mejor, al menos para mí, (y no es poco), es que sean felices.

Para intentar lograrlo, los padres tenemos un papel fundamental. Pero educar a los niños en la felicidad no es una tarea fácil. Tenemos que conseguir que nuestros hijos nunca abandonen su esencia, que sean ellos mismos, que jueguen y disfruten, no limitarlos, sino que superen sus límites, que amen y que se sientan muy queridos.

Sin embargo, en nuestro afán por lograr la felicidad de nuestros hijos, dejamos de un lado lo más importante, lo más sencillo... la felicidad se aprende. ¡Y ellos son unos grandes imitadores! Por tanto, a los niños se les debe enseñar más bien poco. Somos nosotros, como padres, los que tenemos que hacer primero el esfuerzo por aprender a ser felices.

Y Ahora recuerdo algo que un día leí: "Un padre le dijo a su hijo: ten cuidado por donde caminas. Y el hijo le respondió: ten cuidado tú, recuerda que yo sigo tus pasos".